miércoles, 3 de noviembre de 2010

Fray Martín de Porres

Hoy día la Iglesia Universal, y de manera especial, la peruana celebra a Fray Martín de Porres, Fray Martín de la Caridad, el Santo Mulato, el Fraile de la Escoba.

Un hombre desprendido de sí, que solo buscó complacer a su Señor, a su Dios, a tal grado que a pesar que él en el tiempo en que vivió se puso muchas trabas para que pueda ser religioso, logró superarlas todas, porque creo yo que cuando el Señor pone algo en nuestras vida, el también nos pone los medios para cumplirlo.

Para Dios no hay imposible, y la prueba más grande es el mismo Martín, un mulato que logró en un tiempo virreinal consagrarse a Dios, como religioso, y Dios se valió de su sencillez, de su silencio, de su amor para obrar grandes cosas en su Iglesia Peruana.

Y Dios hoy también nos llama a hacer grandes cosas, porque ser Santos no es cosa de curas, y monjas, no, NO. Ser Santo es cosa de locos, de gente que de verdad toma la conciencia de que sigue a Jesús, al Cristo, y que para seguirlo solo se necesita ser loco, porque solo un loco está dispuesto a dar la vida por otro. Porque para seguir a Cristo es necesaria la Cruz, porque el mismo lo dice, "déjalo todo, toma tu CRUZ y sígueme".

Hoy en día, la sociedad que no dice, quien vale, que es lo importante, yo, yo, YO. Todo debe girar a partir de uno, y si se puede ya llegará a los demás.

Martín se preocupó primero de sus hermanos, de los pobres, de los necesitados, y si le quedaba tiempo después de tanto servir se acordaba de sí. Porque cuando uno se preocupa de atender a los hermanos, al Cristo que vive en cada uno de los hermanos uno ni se ocupa de de sí, y tampoco tiene porque hacerlo, porque es el mismo Señor quien nos atiendo, y quien más que El. Él nos basta, que mejor médico, mejor guardián.

La Iglesia hoy en día necesita día a día, laicos valientes, locos por el Señor que se atrevan a ser valientes e ir contra el mundo.

Hoy el cristiano tiene que ser signo de contradicción, tiene que ser signo de unidad, de amor, de caridad.

Y tiene que empezar en nosotros, en los sencillos, en los laicos, el trabajar y dar lo mejor de sí por el Señor, porque como les repito una vez más ser Santos es cosa de todo.

Y será, creo yo, cuando tomemos, como laicos, la conciencia del amar y seguir al Señor, y nos desprendamos de uno, que el momento en el que el Señor nos llame ya no habrá más miedos ni dudas.

El Señor derrama y regala cantidad abundantes de vocaciones, pero muchas veces falta esa entrega y ese desprendimiento de uno para poder de vendar dejarlo todo y seguirlo.

Por eso yo los invito a dos cosas, a ser Cristianos y serlo de verdad, porque ya, ya hay demasiados cristianos light, cristianos de título simplemente que se acuerdan del Señor para pascua y nada más. Ya hay muchos mediocres en la Iglesia, y la Iglesia no es de mediocres, es de radicales, porque como dice la Palabra de Dios el Cielo es de los valientes, de aquellos que se atreven a todo por el Señor. Y lo otro es motivarlos a orar día a día, con fuerza, perseverancia, fe, por el aumento perseverancia y santidad de las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, para que el Señor nos de más vocaciones, porque yo sentía con fuerza en mi corazón que el Señor derramaba su gran amor sobre todos los jóvenes y a muchos de estos los llamaba a cosas grandes, pero muchas veces son pocos los que se atreven a dar ese paso que sigue, y son muchos menos los que de verdad la luchan, hasta el fin para seguir.

Orad, orad sin desfallecer, porque el Señor acoge nuestra súplica cuando la hacemos con amor y sencillez.

Animémonos unos a otros a poder vivir día a día coherentemente esta vida cristiana. Cristo nos da un gran medio para poder vivir la vida cristiana y es la comunidad. La comunidad es un gran medio para poder vivir nuestra vida cristiana y que mejor comunidad que la familia, nosotros como familia tenemos que alentarnos unos a otros, ayudarnos ser columnas de sostén para el que tenemos a nuestro lado al cual podemos decirle hermano en Cristo Jesús, e incluso hermano de sangre.

Y por último lo que siempre les digo, Familia que reza unida, permanece unida.

Tomemos esa humildad, sencillez y abandono de fray Martín, y dediquémonos en buscar siempre ayudar al que tenemos a nuestro lado y nos necesita, y a orar por nuevas vocaciones, nuevos fray martines que el Señor llama día a día pero que muchas veces a consecuencia del pecado los oídos del corazón están tapados para oír la voz del Señor!!!

Fuerza!!!

miércoles, 27 de octubre de 2010

Fiesta del Señor de los Milagros

Ahora, a vísperas de la Gran Solemnidad que hay en toda Lima por motivo de la Fiesta del Señor de los Milagros! He preparado una reflexión morada =) Aunque claro, esta vez la haré cortita para que ustedes la lean rápido, y yo me pueda ir a dormir, =)


Cuando vemos al Cristo de Pachacamilla, que vemos, una imagen más de un Cristo crucificado. Hoy que pude estar frente a la imagen, contemplándola y orando, me di cuenta de algo sencillo, pero importante, y es justo lo que nos dice el Evangelio de mañana: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único” para que todo el que tenga fe en él se salve y tenga vida y vida eterna.


Y creo que en esto radica el misterio del cristiano, y es algo que les he venido repitiendo estas semanas. Es la cruz la máxima demostración de amor, que ha tenido el Señor para con nosotros, y es a la cruz a donde él nos llama, a que nosotros podamos dar la vida también, por él, por los que nos rodean, por los que más queremos, e incluso por los que no.

Acabo esta pequeña reflexión repitiendo las palabras del evangelio, “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único”. Ánimo, no se desalienten y sigamos en esta carrera hacia el Señor, guiados siempre de la mano de María, en la ruta de la Caridad, del amor verdadero.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La Fraternidad

Hemos hablado de la oración, de la eucaristía y la penitencia, y les pedí que me mande posibles temas para conversar, y como no me han mandado nada, así que se me ocurrió hacer una pequeña reflexión sobre algo que justo me enviaron, y era sobre el milagro de los 33 mineros chilenos.

Y sí no, qué bonito que hayan sobrevivir, y los hayan podido rescatar, pero vamos a lo que me comentaban en esos correos, hablaban de como el trabajo en equipo, la confianza, el saber apoyarse en el prójimo, y saber cuidar de él fue lo que les permitió seguir adelante y no rendirse, sino conseguir seguir adelante y sobrevivir tantos días encerrados.

Bueno, veamos... Más de lo bonito que es que hayan podido sobrevivir, vamos a lo que tanto se comentaba en estos mails. La Fraternidad, la comunidad, algo que me gustó que leí fue lo siguiente, cada uno asumió la responsabilidad de cuidarse a sí mismo y cuidar al compañero.

Hay algo que me parece hermoso, pero inclusive aquí uno puede encontrar la perfección absoluta, lo radical, "no hay mayor amor de aquel que da la vida por sus amigos".
Y es justo lo que Cristo hizo, dio su vida por amor, no le importó él, si estaba cansado, o ya no podía, el siguió hasta el fin, ya no se preocupó por él mismo, sino por los demás, porque sabía que con esto nos daría la vida eterna.

Este es el verdadero amor, el amor que da la vida por los amigos, que es incluso, capaz de morir a uno por el otro. Y sí, lo que han hecho esos mineros es admirable, y algo grande, pero no necesitamos estar atrapados para actuar así, porque tenemos que esperar los momentos difíciles para poder trabajar en equipo, porque esperamos el momento de dolor para reunirnos y reencontrarnos, porque esperar la dificultad para pedir ayuda, porque esperar la desgracia para hacer las paces. PORQUE SI HAY UNO QUE ME AMO A TAL EXTREMO, YO, YO AUN NO PUEDO PERDONAR, porque aun guardo rencor, porque ignoró los problemas, porque no olvido lo que ya pasó, porque no soy capaz de ser tan valiente como EL y amar como él me amó o mejor, me ama.

Y saben porque, porque lo podemos recibir si quieres, todos los días, pero si no tomamos conciencia de a quien recibimos, o en quien decimos creer, todo queda en meras palabras y gestos. La cristiandad más que proclamarla, SE VIVE, yo no tengo un título de cristiano, el del lado no me va a decir mira es cristiano porque tiene su CARTON DE CRISTIANO, no debe decir este ES CRISTIANO PORQUE VIVE COMO VIVIÓ CRISTO. ESTE ES OTRO CRISTO. Y para poder ser otro Cristo es sencillo, solo necesitamos algo, la GRACIA, la GRACIA ese gran amor que Dios derrama sobre nosotros, la fuerza de su Espíritu. Una vez dijo San Agustín que él intentó ser bueno puso todo su esfuerzo y no lo logró, y fue recién cuando aceptó al Señor de verdad, de corazón que logró ser de verdad bueno, logró ser Santo, porque el Señor derramó su gracia sobre él, así como la quiere derramar sobre nosotros, y lo que sucede es que día a día nos cerramos a su gracia y a su amor, y ponemos nuestra cara dura, nuestra indiferencia, nuestro NO NO, eso no es para mí. Y MIREN!!! Si tu y yo decimos ser cristianos, profesamos nuestra fe en Jesús, es porque creemos en su Gracia y en que él por medio de su Espíritu puede actuar en nosotros.
Como les he dicho muchas veces pidan y se os dará, que decía el evangelio del domingo que pasó, el juez injusto que aunque sea por tanto pedirle accedió, cuanto más nuestro Padre del Cielo que tanto nos ama no nos hará justicia.

Hermanos, debemos pedir con fe, con amor, con confianza, con esperanza. Y mantenernos unidos, con firmeza, con fe, en la Eucaristía, en la Oración, en contacto intimo con Dios, y buscar, no cesar de buscar, porque el que busca encuentra, y no busquemos tan lejos, Noli foras ire, in teipsum reddi, no vayamos fuera, busquemos dentro de nosotros como dice nuestro Padre, porque Yo por fuera de buscaba y tú estabas dentro.

¿Dónde debemos de buscar la gracia pues? En Jesús, en Cristo, en nuestro Dios, en la oración, y la eucaristía, y sobre todo en la Comunidad, en la Fraternidad, porque allí donde dos o más estén reunidos, allí en medio estoy yo, nos dice el Señor. Es también en el hermandad donde debemos de encontrar al Señor, y es en el hermano en quien debemos cogernos, para apoyarnos y también para ser apoyos para ellos, porque es muriendo a mí, por él, por el Señor que vive en él, que encontraremos la verdadera felicidad, y la vida. Porque el que quiera guardar su vida la perderá, pero el que la pierda la ganará.

No nos dejemos vencer en este camino de perseverancia y camino en y hacia el Señor, vivamos día a día radicalmente lo que profesamos, y no dejemos que este mundo nos venza, porque hoy en día esto es solo para valiente, pero no, repito, NO es solo para los consagrados y los curitas, sino para los Santos, y ser santo no es cosa de uno dos, es cosa de todos, repito, ser SANTOS, así como la defensa civil, ES TAREA DE TODOS.
Dios no nos ha llamado a ser mediocres, sino a ser buenos y más que bueno, los mejores, porque tú y yo no valemos poco sino su SANGRE, la de nuestro Dios en la Cruz porque nos amó.

Fuerza, animo, no, nunca dejemos de seguir adelante, de luchar, y así lograremos realmente ser felices, aunque el mundo nos grite lo contrario.
Recuerda TU hermanito, hermanita, TU, no has nacido para ser uno más del montón, TU has nacido para ser algo más, algo diferente, para ser cabeza, para ser discípulo, apóstol, profeta de Dios, y el profeta de Dios no está sentado callado, esperando que el otro quiere cambiar, el CAMBIA, y GRITA, PROCLAMA que su Dios está vivo.

¡ANIMO! ¡¡¡VAMOS!!! QUE SI SE PUEDE, esto es solo para loco, esto es solo para VALIENTES
ESTO ES SOLO para cristianos de verdad, como lo debemos ser tú y yo, hoy, y ¡siempre!

Fuerzas, y seguid adelante, sin desfallecer, cogiéndonos siempre de las manos de nuestro Dios, de esas manos perforadas por los clavos que nos dan ese grito de aliento que tanto necesitamos para continuar!

viernes, 15 de octubre de 2010

La Reconciliación, el volver a Dios

Pensando, que podía tocar, y continuando los anteriores temas de la oración, y la eucaristía, ahora tocaremos el tema de ¡la Reconciliación!
El volver a Dios.

El pecar es parte de la naturaleza herida del hombre, herida a consecuencia del pecado original.

El hombre renunció a la amistad que tenía con Dios, y se alejó de Él. Pero Dios envió a su Hijo, el cual con su sangre derramada en la cruz nos rescató, y pagó el precio más alto por nosotros, porque nos amaba, y en esto, es miren, es precisamente en esto donde radica el misterio de Dios, del cristiano, de nuestra fe, de nuestra Iglesia, como dice Jn 3, 16. "De tal manera amó Dios al mundo que envió a su hijo único...", nosotros no valemos poco, valemos la sangre de Cristo. Así pues como podemos estar alejados de aquel que nos amo, simplemente no amo, no le importó nuestras miles de faltas, nuestro pecados, nuestros errores, el lo borró todo en la cruz.

Y ahora tu me dirás, allí está ya lo borró todo, ¿por qué tengo que confesarme entonces? Porque fue su mandato, sencillo pequeño, "a quien le perdonen los pecados le quedan perdonados, a quien se los retengan les quedan retenidos" y porque, por la razón que él nos ofrece su salvación de manera libre, no te va a dar algo que tu no deseas, si de verdad quieres aceptar su sacrificio pues lo vives, día a día de una manera más intensa, y donde vives ese sacrificio, en la Eucaristía, en la santa Misa, pero no es simplemente oír, poco después todo queda en palabras, en el aire. Nosotros tenemos los griegos, oír su palabra, asimilarla y hacerla viva. Dios nos habla, oímos su vos, la acogemos, y al acogerla, si de verdad la hemos entendido comprenderemos que para hacer su palabra vida es necesario recibirlo dentro de nosotros, así Dios que es infinito y grande y que nada lo puede contener, lo encontramos al mismo tiempo contenido en algo tan pequeño como ese pedazo de pan.

Así pues, para acogerlo, para ser participes de su sacrificio es necesario que encuentre la casa limpia, ordena, y que no haya ya otro huésped dentro. Así, la manera de limpiar y ordenar la casa, y vaciarla para el mejor es la penitencia, reconocer nuestra limitación, nuestra debilidad, que no podemos hacer mucho por cuenta propia y que necesitamos de Él. El es el buen Pastor, que da la vida por las ovejas, y que cuando uno se pierde deja las 99 y va en su búsqueda, y al encontrarla se alegra.

Dios espera con ansias encontrarnos, para que así su felicidad sea plena, pero,... pero.... pero ¡¿POR QUE si Él desea encontrarnos, nos escondemos?! Buscamos el camino fácil del pecado, preferimos dejarnos vencer por la tentación, por nuestro orgullo, por nuestra soberbia, porque nos cuesta, porque si decimos ser cristianos, nos cuesta humillarnos ante nuestro Dios, El que no dudo en subirse en esa cruz por ti y por mí.
Te dices cristiano, y ¿por qué no vas a misa? porque críticas al curita, que si, es igual de pecador que tu, pero ¿por qué te fijas en la paja de su ojo y no en la roca del tuyo? porque te justificas, porque eres cobarde y no aceptas, si me equivoque.

Algo que una vez comprendí que no hay mayor valiente que aquel que da la cara, que no teme reconocer su error, y que no teme el pedir perdón, porque el pedir perdón es de valiente, de valiente que comprender que el perdonar es morir a uno, morir a lo que se quiere, es vivir como EL vivió, aquel que le decimos Dios.

Este es un mes morado, saben porque es mes morado, por el Señor de los Milagros, un Cristo yaciente, en la cruz, humillado, doliente, es un mes morado porque el morado significa PENITENCIA, conversión, es un mes como se le ha llamado, de la cuaresma peruana, un mes para recapacitar, para reflexionar, para vivirlo de verdad, como cristianos, y no como un mediocre más de esta sociedad que va a pedirle su milagrito, que busca el milagro del Señor y no al Señor de los Milagros.

Yo los invito hermanos a que recapacitemos en cómo es nuestra relación con el Señor, ¿es sincera, o vivimos justificándonos...? Y también, porque los conozco, y seguramente irán aunque sea un día a venerar la imagen del Cristo Morado, a que vayamos con esa actitud, humilde, sencilla, buscando en ese Cristo agonizante el perdón y la paz. Acerquémonos al sacramento de la reconciliación, y no esperemos el pecado mortal, si tenemos la gracia, la dicha de tener un sacerdote cerca aprovechémoslo, porque no olvidemos que tenemos en casa testimonios de lo que no es tener una ayuda espiritual cerca, aprovechemos nuestras facilidades y busquemos recibir a nuestro Dios con un corazón completamente limpio.

No olvides que Dios está allí, esperándonos siempre, con los brazos abiertos, porque es como ese Padre, que al ver a su hijo que salió de su casa volver, sale a su encuentro y lo viste, y coloca en su dedo un anillo de nuevo, ese anillo que es símbolo de la relación del Padre con el Hijo. Para nosotros el vestido es el vestido de la Gracia, que nos limpia de todo pecado, y el anillo, es el mismo Cristo, en la Eucaristía.

viernes, 8 de octubre de 2010

El sacramento del amor de Cristo

Les he comentado en las últimas entradas sobre la oración, que necesitamos de la fe, la sinceridad y la confianza; y cuando oremos debemos entregarnos por completo a Dios, y entregarle todo lo que tenemos, debemos también pedirles con fe y esperanza, y debemos, claro está, ser siempre agradecidos.

Ahora bien, para orar hay muchos medios, muchas formas y maneras, por ejemplo ayer celebramos el día del Rosario (7 de Octubre, fiesta de Ntra. Sra. Del Rosario). El rosario por ejemplo es una bella oración la cual, como oí un día, es como ver un álbum de fotos, es estar viendo el álbum de fotos de la Virgen María sobre la vida de su hijo. Creo que entienden la analogía… ¿no?!

Bueno, pero no vengo a hablarles del rosario el día de hoy, aunque podría ser un tema interesante… pero bueno, hoy quiere hablarles de la Eucaristía, el sacramento del amor de Cristo como se le conoce.
El sacramento del amor, la presencia misma de Jesús. No es que ese pan representa a Jesús, o nos recuerda a Jesús, es el mismo Jesús quien se hace presente, y que tenemos el honor de consumir de llevar dentro.
Cuando comulgamos tenemos al mismo Jesús dentro de nosotros, lo ingerimos, si lo vemos desde un punto de vista científico, es un pedazo de pan, una galleta, la comemos, llega al estomago, se disuelve, pasa por los intestinos y se absorben los nutrientes y minerales necesarios y estos se envían al torrente sanguíneo y así a todo el cuerpo, al final las células las asimilan y se forman parte de uno, así al final, el pan se vuelve para de nosotros, de una manera u otra, ahora, este pan es Cristo, y Cristo se hace uno con nosotros, no solo espiritualmente como oímos siempre, sino literalmente.

Al tener a Jesús, al Señor, aquel que es Dios, que es grande, infinito, se hace pequeño por amor, y esto no es renunciar a su grandeza o su divinidad, sino es Amor. Dios, Jesucristo, sigue igual de grande y divino dentro de nosotros. Actuando en nosotros. Orar ante el Señor en el Santísimo Sacramento, es comunicarnos con el Señor, si quiere decirlo así, cara a cara, es tener a tu Señor a tu Dios, aquel que ha velado por nosotros desde que somos niños, pequeños, y para quien siempre seremos sus niños pequeños.
Es en Cristo Eucaristía, donde la intimidad con el Señor es más profunda, donde ya no hablas, por decirlo así, por teléfono, o ya no hablas con él por medio del chat, sino, que al orar frente al Sagrario, ante el Santísimo, lo haces cara a cara.

Y al tenerlo dentro de nosotros, Él nos ayuda a que la oración no quede en meras palabras, sino que nuestra oración se vuelva vida. Vida que Él nos da, que Él vivifica, renueva, purifica.

Una vez más los invito a perseverar en la oración, Orad sin desfallecer, nos dice el Apóstol, y si podemos hacerlo ante el mismo Señor, si podemos darnos esa fuga a una capilla o una Iglesia, o tenemos la oportunidad de ir a una Adoración, no despreciemos la invitación abierta que nos hace el Señor todos los días, y aún más la oportunidad única que tenemos, de tener cerca a nuestra casa, trabajo, en cualquier parte del Perú una capilla, hasta la más modesta, donde está el Señor esperándonos.

No olvidemos que Cristo es, como dice San Agustín, el Sacramento de unidad, el vínculo de caridad, en es Cristo donde hallaremos la unidad de mente y corazón, como grupo de amigos, como comunidad como familia, una vez más les recuerdo algo que he dicho varias veces, Familia que ora unida, permanece unidada. Entonces es en la Eucaristía donde hallamos la unidad de mente y corazón, y donde está el vínculo de la caridad, el amor, el amor verdadero.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La fe, la confianza y la sinceridad

Sé que ustedes no están felices sin su reflexión semanal, porque yo se que con mucho anhelo esperan todos los miércoles tan solo para leer completita la reflexión… sí que más… pero bueno, igual, lo hare =)

Como siempre pues, viene el dilema, de que les pueblo hablar, así que, ¡se me ocurrió hacer una continuación del tema anterior! La otra vez hablamos de la oración, ¡algo elemental de la vida cristiana! Y hablamos sobre tres cosas muy importantes, y ¿por qué no? Indispensables. La fe, la confianza y la sinceridad.

Hay tres maneras, por decirlo así, clásicas y sencillas, pero elementales en la Oración, que creo que se los he dicho ya antes, pero que ahora quiero recordar. La entrega, la acción de gracias y la petición. Para ello recordemos, es necesario orar, orar es hablar, dialogar con un amigo, con Dios, con el mejor de los amigos, y uno con los amigos de verdad es sincero, confías en tu amigo, y que mejor amigo que Dios. Y ahora, fe, fe en Dios, y como nos dice la Carta a los Hebreos, la fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve. Pero creo que antes de analizar si tenemos esto en nuestra oración, creo que es importante detenernos un momento y autoanalizarnos, entrar dentro de nosotros. ¿Oramos? ¿Nos comunicamos con nuestro amigo, nuestro Padre, nuestro Dios?

Dice San Agustín. Muchos claman a Dios por la salud de los suyos, por la estabilidad de la casa, por la felicidad material, o por su misma salud corporal, que es el patrimonio de los pobres. Pero ¿Cuántos claman al Señor por Él mismo? Muy pocos. Sin embargo, es injusto desear cualquier cosa del Señor y no desearle a Él mismo. ¿Puede, acaso, la donación ser preferida al donante? In ps. 76,2.

Cuando oremos, tengamos la fe, confianza y sinceridad necesaria para con nuestro Dios, nuestro Padre, nuestro amigo. Entreguémosle al Señor todo lo que queremos que el Señor bendiga y lo que Él nos pide. Agradezcamos por cada cosa que el Señor nos regala y nos da, bueno y hasta malo. Y pidamos con fe, con confianza, con sinceridad. Y como dice San Agustín Cuando pidas a Dios dinero, posición social o ventajas materiales, no piensas en Él como el garante de tus deseos, sino como compañero de tu ambición. In ps. 85, 8.

Algo pequeño para acabar Cuando lees la Biblia, Dios te habla; cuando rezas, tú hablas a Dios. In ps. 85, 7.

Hablemos con Dios y dejemos que él nos hable, hoy y siempre, es en la oración, en esa intimidad con el Señor donde lo conocemos más, y lo amamos de verdad.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La fe, la esperanza y la caridad

Un poco me ponía a analizar sobre que podía compartirles el día de hoy, y se me ocurrió hablarles sobre la fe, la esperanza y la caridad. Tres cosas muy bellas pero que siempre deben ir de la mano.

Alguna vez han hecho la prueba de la confianza, en la cual un grupo de personas se colocan detrás de ti y tú te sueltas y te dejas caer confiando en que los demás te van a coger, pues Fe es prácticamente igual, es soltarte, dejarte caer y tener la confianza de que será el Señor quien no coja. Ahora bien, tener fe es también creer en aquello que no conocemos pero que sabemos que existe, pero todos hemos tenido una experiencia de Dios, más allá de aceptarlo por la fe, lo aceptamos por la razón, “Sí, Dios existe, yo lo he visto, El ha pasado por mi vida, Él ha hecho cosas grandes en mí” esto va muy de la mano con lo que siempre les menciono que no podemos callar lo que hemos visto y oído. Ahora bien, la cuestión es, ¿está de verdad puesta nuestra fe en Dios? Confiamos en El, y si decimos que es sí, porque aun recurrimos a diversas prácticas ajenas a Dios, como ay la ruda para la suerte, hay mi buda para la prosperidad, mi horóscopo para saber que tal me va a ir. Hemos puesto nuestra confianza plena en Dios.
Y si decimos tener Fe en El, sí lo conocemos, sabemos quién es, aun así podemos despreciarlo e ignorarlo queriendo hacer nuestra vidas a espaldas de Él. Porque si todos nosotros que decimos tener fe en Xto. Jesús, muerto y resucitado por ti y por mi, aun no podemos ni cumplir lo mínimo que nos pide Dios “Amaras al Señor tu Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.” Algo muy bello pero a la vez fuerte, interpolador, ¿cumplimos la ley, a quien amamos de verdad, donde hemos puesto nuestro amor, nuestra felicidad en las cosas terrenas que pasan o en aquel que es eterno y hace todo nuevo?

La Esperanza, una palabra hermosa, dicen que en esta vida todo se puede perder menos la esperanza. Esperanza, esperar eso que se viene, cual es nuestra esperanza, o quién. ¿Es acaso el Señor, Jesús? Y si es sí, si El es nuestra única esperanza, somos de las vírgenes prudentes que están preparadas para la llegada del novio, o son de aquellas que tienen que regresar por más aceite para sus lámparas y cuando salen al encuentro del novio ya se halla él con las prudentes en la boda.
¿No sé si me dejo entender? Esperanza es esperar algo con gozo, con ansias, ahora bien, nosotros esperamos en el Señor, esperamos su pronta venida, y si es así, como lo esperamos preparadas, presurosos, listos para su llegada, o esperaremos el último minuto para tomar conciencia, y con esto a donde voy, pues a algo muy sencillo, como estamos viviendo nuestra vida cristiana, nuestra vida de fe. Como cristianos coherentes al evangelio, esperando al Señor. O somos uno más de esos cristianos light que nos conformamos con lo mínimo. O a lo mejor ni el mínimo cumplimos. Todos somos bautizados, y todos hemos, libremente confirmado nuestra fe, o dado un paso más nuestra vocación como cristianos, hemos tomado conciencia de ello, y vivimos según nuestra libre entrega a Dios ya sea al aceptarlo como mi Señor en la confirmación o a una vocación específica según algún sacramento.

La Caridad, el amor, la base del cristiano, lo que realmente nos mueve a actuar, si nuestra fe y nuestra esperanza están en el Señor, es tan solo porque la caridad verdadera es la que nos mueve. Dice una vieja canción popular “que lindo es vivir para amar,…” y luego dice “dar alegría y felicidad, darse UNO MISMO, eso es amar.
Como siempre digo, cuál es la prueba máxima del amor, la de Cristo en la Cruz, no hay mayor prueba de amor. QUE dar la vida por los que amas, o por el que amas, si nuestro amor esta y es el Señor, damos la vida por El, y por El implica dar la vida por el Jesús vivo en la Iglesia terrena, a pesar de su errores, dar la vida por el Jesús que vive en mi hermano, en mi familiar, mi ser querido que me rodea, dar la vida por el Jesús que vive en el pobre, enfermo y necesitado. Dar la vida por el Jesús que vive en la persona que más odio, que detesto, que me ha hecho daño. Ah, mira, mira, donde está nuestro amor, en nosotros mismos, o en el Señor. Dios murió por todos, por sus amigos, sus discípulos, y también por los que lo condenaron. Y tú me dirás, pero él era Dios. Pero muchos mártires han dado su vida por Dios, por el Cristo que vivía en aquellos que aún no lo conocían, por el Cristo que lo estaba matando, para que lo acepte de verdad.

¿Donde está nuestra fe? En el horóscopo, las cartas, la suerte. ¿Estamos confiando en El de verdad?

¿Donde está nuestra esperanza? En el dinero, lo material, en alguna persona. ¿Estamos esperando en el Señor? Y si esperamos en El, ¿cómo lo esperamos?

¿Donde está nuestra caridad, nuestro Amor? ¿En amar a los que conozco y los que me caen bien? ¿Estamos amando con la medida de Cristo, o con la nuestra?

Familia mía, esto es para reflexionar y darnos cuenta a las cosas grandes que nos llama el Señor, el no tiene preparadas para nosotros cosas pequeñas sino grandes, y así como nos prepara cosas grandes también nos pide cosas grandes, porque sabe que podemos; y si sentimos que a veces se nos hace difícil les doy dos consejos que a mí me sirven. Uno Bíblico “En ti Señor confié y no me veré defraudado para siempre”. Y el otro de San Agustín “Da lo que mandas Señor, y manda lo que quieras

Y como dice San Pablo hay tres cosas muy importantes, la fe, la esperanza y la caridad, y de estas la más importante es la caridad. El Señor ha puesto en nosotros cosas grandes, y como dice nuestro Padre San Agustín, “Dios que te creó sin ti, no te va a salvar sin ti”.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Secuencia de María Dolorosa


La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén


Un poco largo, pero muy muy bonito, esta es la secuencia de María Dolorosa, la fiesta de hoy día, conocida en latín como Stabat Mater.
Creo que no hay mejor reflexión que ella, es para que la lean y ustedes mismos saquen su reflexión para hoy día. Meditar en la cruz de Cristo es una meditación completa y si lo haces junto con la virgen dolorosa aún más.



miércoles, 8 de septiembre de 2010

Noqanchis Kanchis

Noqanchis Iglesia llapanchis kamchis (bis)
Wayqe panaykuna Iglesia Cuerpo (bis)

Llapallanchis puririsunchis (bis)
Dionillanchiswan tupanachispaq (bis)

Karun, karun purinallanchis (bis)
Q’eswantarq purnantaraq (bis)

Intip ruphasqan chiriq chirisqan (bis)
Mana atiswanchu puririspanchis
mana taytanchis yanapawaqtinchis (bis)

Este es un canto de misa en quechua. Se busca su traducción, se recompensará.

Saber corresponder con Dios.

Hay una parte del evangelio, que no lo copiaré literal más sí explicare la idea.

Un hacendado dio un grupo de talentos (monedas de oro) a cada uno de sus trabajadores, a uno 10, a otro 5 y a otro 1. Y se fue, al regresar, pidió las cuentas, al que le dio 10, este le entregó sus 10 y 10 más, al que le dio 5, sus 5 y 5 más, pero al que le dio uno le devolvió el uno, y nada más, Y este le dice, "Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyos"
Cuantas veces el Señor nos ha dado tantos talentos, dones, y por temor al que dirán no lo hemos usado, peor, pudiendo rendir tanto nos conformamos con lo mínimo.

Porque si el Señor nos ha dado cosas grandes las escondemos o no respondemos como deberíamos. Dios ha derramado su amor en abundancia sobre nosotros, y nosotros, cómo respondemos a su amor? o acaso lo hemos enterrado? o nos conformamos con amar lo mínimo?

Y esto también hace acordar Hechos 4, 3... treinta...treinta... treinta algo... plop!, bueno donde San Pedro nos dice, que el Señor ha depositado de su Espíritu en ellos y ahora ellos no pueden callar lo que han visto y oído.

Nosotros hemos recibido de ese mismo Espíritu, por vez primera en el Bautizo y de manera plena en la confirmación, ahora bien, nosotros también podemos usar las palabras de Pedro en nuestras vidas. Dios ha actuado en mi, Dios me ha amado a tal extremo de la Cruz, yo soy testigo de la grandeza y del Amor de Dios, por eso yo no puedo enterrar lo que Dios me ha dado, yo no puedo callar lo que he visto y oído.

Seamos siervos fieles en lo poco y el Señor nos confiará más.
Porque aquel que tanto ama, tanto amor recibirá.
Porque como dice nuestro Padre Agustín, la medida del Amor es el Amor sin medida.

Y es el Espíritu Santo el amor mismo, y no hay mayor símbolo de amor que el sacrificio de Cristo en la Cruz. No enterremos el talento que Dios nos dio, ni seamos mediocres con él. No callemos como Dios está vivo y actúa en cada uno de nosotros.