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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Preparación para la Navidad

El domingo pasado dimos inicio a un nuevo año litúrgico con la celebración e inauguración del Adviento, que es el tiempo de preparación para la Navidad, nos preparamos para celebrar una de las fiestas más importantes del cristianismo en todas sus ramas, la Navidad, el nacimiento de nuestro Señor.


Ahora bien, el Señor nació hace 2 mil años, ya no va a nacer, por eso el 25 de diciembre conmemoramos uno de los actos de amor más grande de Dios que se verá culminado con su entrega en la cruz, y esta es la Encarnación del Hijo de Dios, del Cristo, el Mesías, ya desde mucho tiempo atrás, el simple hecho de recordar la Encarnación, que Dios se hizo hombre era algo de adoración, por eso cada vez que se mencionaba ya sea en el credo, el Te Deum o el Ángelus, los monjes se inclinaban, como reverencia simplemente a la mención de la encarnación! Ahora bien, el Señor ya nació, no va a volver a nacer, y lo que recordamos es su glorioso nacimiento.


Ahora bien, entonces, si decimos que el Adviento es la preparación para la llegada del Hijo de Dios, y el Hijo de Dios ya llegó, ¡¿para qué nos preparamos?! Para la Parusía, la vuelta del Señor, su segunda Venida.
Porque recordemos que dice la Palabra de Dios, así como lo vimos ascender, de la misma manera lo veremos bajar rodeado de su gloria. Y no sabemos ni el día, ni la hora, es por eso que el Señor nos dice que tenemos que estar atentos, tener las lámparas prendidas porque no sabemos cuándo regresará el amo, estad vestidos y tened aceite extra porque no sabemos cuándo llegará el novio, son las alegorías que nos presenta el Señor.

Pero ahora bien, si recordamos a las vírgenes prudentes que llevaron ese aceite extra para esperar la llegada del Novio, veamos así rápidamente quienes son las vírgenes, sencillo, nosotros. El Novio, el Señor, que regresará para desposarnos, para juzgarnos, y recordándoles la última reflexión, para ponernos a algunos a su derecha y a otros a su izquierda. Pero vamos a lo que me interesa ahorita, el aceite, que es ese aceite que debemos tener es nuestras lámparas, pues es el aceita de la verdadera vida cristiana. Es el aceite que mantiene viva nuestra lámpara de la fe, es la gracia del estar sin pecado, del practicar la caridad, del ser coherente con nuestra vida, del ser verdaderos cristianos, porque no debemos esperar el último minuto como hicieron las imprudentes que tuvieron que regresar por más aceite y cuando regresaron ya era tarde, el novio había desposado a las prudentes. El Señor nos da grandes oportunidades, nos ha permitido conocerlo hoy y ahora, ya somos también nosotros vírgenes del Novio, ahora no sabemos cuándo vendrá, pero debemos esperarlo, listos, siendo cristianos de verdad, para que cuando venga estemos preparados.
Este adviento es un tiempo de preparación, de conversión, de recordar y celebrar, porque el Hijo de Dios ya vino, y regresará porque nos ama.

Yo los ánimo a seguir adelante, perseverando y sobre todo buscar perseverar, ser coherentes con lo que decimos ser, porque así, a pesar de quedarnos solos, nunca lo estaremos, porque lo tendremos a EL que es nuestro único consuelo, el que de verdad vale la pena, el que no falla ni defraudo, y a pesar de que parece que en la tormenta, mientras lo pasamos difícil está dormido, no lo está, solo espera que lo llamemos para que acuda en nuestra ayuda.

 
Fuerza, ánimo, y adelante por el Señor, por nuestro Dios que viene, que vuelve.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

Reflexiones de fin de año

Ya próximo el fin de este año litúrgico, y a las puertas del adviento, el domingo que viene, creo yo que es un buen tiempo para dos cosas.

La primera, analizar cómo ha sido nuestra vida cristiana. ¿Cómo hemos vivido este año, hemos vivido a la altura de un cristiano de verdad, o hemos sido uno más del montón que se ha conformado con su vida mediocre, un cristiano light más de los miles que hay? ¿He tomado a conciencia el gran llamado que me hace el Señor, ese llamado a la Santidad? He valorado el Sacrificio de Amor del Señor buscando responderle de igual manera, y con esto les comento algo que me dejo así bien marca, e incluso algo tarado esta semana que pasó, y es justo el evangelio que se leyó el día sábado 13, cumpleaños de nuestro Padre San Agustín, que decía “Pasen benditos de mi Padre, porque tuve Sed y me diste de bebed, tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me vestiste, sin techo y me hospedaste, enfermo y fuiste a visitarme, en la cárcel y fuiste a verme. Y ellos le respondieron, pero Señor cuando te hemos visto con sed y dado de beber, o con hambre y dado de comer, o desnudo y te vestido, extranjero y te hospedamos, y cuando te vimos enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver. Y Jesús le respondió: Cada vez que hacían esto con cada uno de mis hermanos, conmigo lo hacían”. Mt 25, 31 - 40

Creo yo que llegado al fin de este año, es el momento ideal para ver si de verdad hemos sabido acoger y velar por el Señor nuestro Dios, por ese Cristo que vive y habita en cada uno de los hermanos que nos rodean.

Y lo otro, lo segundo. Es ver qué esperamos de este nuevo año que se nos viene, que nos regala el Señor. Que metas, que sueños, que estamos planeando y que queremos que el Señor bendiga, en que queremos que intervenga, que actué.
Que está moviendo nuestro corazón a actuar, que nos motiva a seguir en este año. Y sobre todo, que propósitos para mejorar día a día nuestra vida cristiana queremos hacerle al Señor. Como queremos avivar nuestra fe. Como queremos gritarle a este mundo consumista y materialista, que a pesar de todo Jesús aun está vivo en nosotros.

En sí es un momento para recapacitar, pero no quedarnos en decir, ah sí, mira, falle, ya pues… no, eso es mediocridad, es un ver, analizar, y saber superar, planear, plantear, organizar, y sobre todo actuar. Es tiempo de despertad y decidirnos cambiar, hoy, ya, ahora mismo. Y buscar ser mejores cada día, porque comprendamos y valores ya que no valemos poco, a pesar que el mundo nos lo grite, que te entre esto en tu cabeza TU VALES MUCHO, tú vales la sangre de Jesús en la cruz. Y una frase típica de catequesis pero muy buena y valiosa, DIOS NO HACE BASURA.

Es tiempo de despertar, de actuar, y de actuar de la mano con el Señor, porque para actuar es necesaria una cosa la oración, y entregar y poner todo en manos del Señor, pero recordando lo que nos dice San Ignacio de Loyola Haz todo como si dependiera de ti, pero recuerda que nada depende de ti. Y también recordemos lo que dice nuestro Padre San Agustín Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.

¡Animo!

jueves, 3 de diciembre de 2009

Hemos comenzado el Adviento

Hemos comenzado el Adviento, y algo muy importante, no es prender las velas, o decorar tu casa con adornos navideños, porque Cristo no va a nacer en un árbol, o en una corona, ni siquiera en el bello nacimiento que puedas preparar, nace en tu corazón. Como debes prepararte para la Navidad, con la meditación y la oración, que es el Adviento, es el tiempo de espera, y porque es morado, porque nos indica la preparación, prepararnos para lo que se nos viene, que viene, aquel que un día, muchos le dijeron no tengo sitio, vete a otro lado, porque no se prepararon, y tuvo que buscar un pesebre para nacer.

Preparemos nuestros corazones para el Señor, para que el pueda nacer en nosotros y llenarnos de su amor y su unción, el año litúrgico empieza justo con esta preparación, prepara bien tu corazón para su nacimiento, para que al vivir su Pasión, podamos estar preparados para su resurrección, si estamos listo para su nacimiento, lo estaremos para su resurrección, para su pentecostés, para y sobre todo, para su retorno glorioso.

Preparémonos para esta gran fecha que se nos viene de la mejor manera, con las ansias no de esperar a navidad para recibir un regalo, sino con las ansias de que nazca en nuestro corazón. Ese debe ser el símbolo del adviento la espera, prende tu vela, para que sepas cuanto falta para su llegada, y para que te des cuenta que tienes que prepararte aún más para su venida.

Te puedo asegurar, Él no busca, una casa pomposa, ni muchos adornos, ni una gran cena, lo no que quiere que tú le regales en esta navidad, es que esté listo para su llegada, con el corazón abierto a él, y a su unción porque el mejor regalo que le puedes dar, es aceptar el que él tiene preparado para ti desde la eternidad.